Gracias!

sábado, 6 de noviembre de 2010

No puedo darte soluciones para todos los problemas de tu vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores; pero puedo escucharte y buscarlas junto a vos.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro; pero cuando me necesites estaré. No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos; pero disfruto, sinceramente, cuando te veo feliz. No juzgo las decisiones que tomás en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pedís.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debés actuar; pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer. No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón; pero puedo llorar con vos y recoger los pedazos para armarlo de nuevo. No puedo decirte quién sos, ni quién deberías ser. Solamente puedo quererte como sos y ser tu amiga. En estos días oré por vos. En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas. Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que imaginaba. Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran. Es lo que siento por todos ellos. Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme. Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos; sea en la alegría o sea en la serenidad.
En estos días pensé en mis amigos y amigas y entre ellos, apareciste. No estabas arriba, ni abajo, ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno, ni el número final. Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida. Yo tampoco tengo la pretensión de ser la primera, la segunda o la tercera de tu lista. Basta que me quieras como amiga.
Entonces entendí que realmente somos hermanas. Hice lo que todo amiga; oré, y le agradecí a Dios que me haya dado la oportunidad de tener a alguien así a mi lado. Era una oración de gratitud, porque vos le diste valor a mi vida.