Gracias!

domingo, 3 de octubre de 2010

Yo necesité un oído, necesité tu oído y el de ninguna otra persona más. Necesitaba que tomes mi mano, que no la sueltes nunca. Todavía sigo necesitándote y en ese ínterin, entre lo que es correcto para los dos y lo que quiero yo, está la confusión. Siento que caigo, pero con la certeza de que me vas a sujetar, que vas a ayudarme a poner las manos firmes para escalar esta cima. Yo sé que voy a poner los pies sobre la tierra, que vas a agarrar mi cintura y vas a subirme hasta ese borde, ese límite del peligro que, junto a vos, tendré la mayor confianza de que no voy a volver a pasar. Sí, salto porque no tiene sentido quedarme acá una vez más, salto porque no soporto la idea de ser una total desconocida para vos, salto porque si no estás conmigo no le veo sentido a las cosas, el cuento vuelve a ser una cruda realidad. Salto porque tarde o temprano me voy a ahogar, porque ya no hay aire, ni labios, ni hombre que se pueda compartir. Porque sé que no podría aceptar que seas mío y de otra, porque si sos mío no sos de nadie más, entonces prefiero dejarte ir.