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jueves, 23 de septiembre de 2010

En un momento oportuno, inesperado, empezás a caer, sentís que ya nada es igual. A veces es bueno saber la verdad, pararse y decir "esto está bien" o "esto está mal",  saber aceptar, pedir perdón, mirar hacia nuevos horizontes, buscar algo bueno, algo mejor. No se puede andar por este camino solo, batallar sin nadie. Qué feo es sentir que todo se vá y sin saber por qué. Qué triste es tener que vivir explicando lo que hacés por miedo a fracasar, por miedo al qué dirán, por miedo a la soledad. Y aún más doloroso es la traición. Al fin entendí que no estoy sola, ese ejército que creía frente a mí ya no me debilita, ese "todos" se convirtió en "unos pocos", unos pocos que no me valoran y prefieren inventar, esos pocos son pocos, ya no los quiero conmigo, me hacen mal. Y ese resto es la suma de los que me apoyaron, me prestaron un hombro y supieron comprender cuando ya no daba más, de los que creyeron en mí tarde o temprano, que me ayudan, que no me dejaron caer jamás. Es un error más, una caída de las tantas, no se puede apuñalar ni guardar las lágrimas, tener tanto rencor, la vida debe continuar y aunque las heridas no cierren rápido algún día cerrarán, y para ese día todo volverá a ser igual.