Un momento para pensar en todo lo que viví, en esos caminos que tracé con una mirada segura, un futuro que, cada día, aunque no lo crea, se va formando. Prejuicios, equivocaciones, tropezones, caídas, a veces de cabeza y otras de pie. Un sentimiento que cambió pero sigue ahí, aunque no quiera verlo, aunque me tape los ojos. Cuantas cosas nos deben molestar de los demás, cuantos defectos vemos en los otros sin ver los propios nuestros, cuanta falsedad y cuanto engaño. Está de moda lastimar al otro, está de moda herir, juzgarlo. CAMBIAR, es una palabra que no estoy dispuesta a mencionar por ahora, tengo miedo de no ser lo suficientemente fuerte como para afrontar con coraje y honestidad los problemas, las barreras, la maldad de los demás y por sobretodo mi propia maldad, mi lado oscuro, mi lado cruel, ese lado que esquivo con la frente alta pero que a veces me puede más de lo que pienso. Pero sé que, de algún modo, lo haga o no, cometa o no errores, sé, definitiva y profundamente que cuando vaya por otro camino, uno malo, sabré aceptarlo y volver atrás como en la ida. Si sé subir sé bajar, si sé destruir sé hacer, si sé odiar es porque antes quise y me decepcioné, si sé recoger sé sembrar, si sé luchar es porque me caí cien veces, si sé dejar también sé beber, si morí es porque primero nací y si sigo de pie es porque todavía no sé lo que es caerme: sólo sé lo que es tropezar.