Descubrí el paraíso en un par de minutos.
Hubo una razón para hacer tal cosa, la hubo.
Te conseguí la luz del sol a medianoche y el numero después del infinito;
e instale la osa mayor en tu diadema, y tu seguías ahí como si nada.
Endulcé el agua de mar para tu sed, te alquilé el cuarto menguante de la luna
y como buen perdedor busqué en la cama, las cosas que el amor no resolvía.
Y como duele que estés tan lejos durmiendo aquí en la misma cama
como duele tanta distancia, aunque te escucho respirar estas a cientos de
kilómetros. Y duele quererte tanto, fingir que todo esta perfecto mientras duele
gastar la vida, tratando de localizar lo que hace tiempo se perdió;